Sunday, June 04, 2006

EL PROTOSINAÍTICO, ¿Fue de origen israelita?

La península del Sinaí fue una región de paso entre el Egipto altamente civilizado y el Levante cananeo, objeto de colonización y de dominación política, comercial y cultural. En el mapa se han señalado algunos lugares.
Huyendo de Egipto, luego de haber matado a un egipcio para defender a un hebreo, Moisés viajó hacia la península de Sinaí, donde el dominio egipcio no era demasiado fuerte, salvo en los escasos oasis y donde se realizaban trabajos mineros, especialmente en la zona alrededor de la actual localdidad de Serabit el-Kadim. Moisés encontró a los madianitas y se hospedó con un cierto Yetró, con cuya hija Zîppora, se casó y tuvo hijos. Moisés vivió unos cuarenta años en la tierra de Madián, nomadeando siempre en busca de nuevos pastos y de agua para sus rebaños. Obviamente, su identidad egipcia anterior se perdió en los avatares de la diaria subsistencia en los áridos territorios de Sinaí.
Y fue allí donde fue encontrado por Yahwêh, el Dios verdadero que es Uno y Único, al decir de la fe de Israel. Y allí fue donde Moisés aceptó la difícil misión de guiar a Israel fuera de la tierra de Egipto, hacia la libertad.
Tras su salida de la tierra de Egipto, donde sirvieron como esclavos durante generaciones, los israelitas nomadearon durante cuarenta años por el desierto, luego de haber viajado a lo largo de la costa occidental de la península de Sinaí hacia el sur.
Es precisamente la zona alrededor de Serabit el Kadim donde se han encontrado los principales restos de un sistema de escritura que parece ser el origen de todos los demás sistemas de escritura alfabética, y al que, a falta de un nombre adecuado, se ha designado como protosinaítico.
El término protosinaítico, entonces, por convencionalismo entre los eruditos, se aplica a un sistema de escritura al que se considera el ancestro común de una serie de sistemas de escritura semíticos occidentales, entre los que se cuentan el hebreo, el fenicio[i], el cananeo[ii], el moabita, etcétera.

EL BISABUELO DE LOS ALFABETOS

El proto-sinaítico fue el primer alfabeto consonántico. Incluso un vistazo superficial nos hace ver su origen egipcio. Hacia el siglo XVIII a. de J.C., la península del Sinaí estaba bajo dominio egipcio y sus pobladores semitas tomaron un cierto número de signos jeroglíficos para escribir su lengua.

El sistema de escritura proto-sinaítico es consonántico y se usó desde los siglos XVIII al XVI a. C. El sentido de la escritura es horizontal de izquierda a derecha o de derecha a izquierda y vertical de arriba hacia abajo.

Algunos han afirmado que el origen de la escritura semítica occidental yacería en la tribu de Yetrô, sacerdote de Madián y suegro de Moisés.
Sin embargo, otros han afirmado, no sin muchas razones a su favor, que en realidad la escritura semítica alfabética habría sido ideada y perfeccionada por los israelitas salidos de Egipto, quienes habrían usado como base signos de la escritura jeroglífica, que ya conocían, para desarrollar un sistema de escritura más fácil de usar que el que les era propio y que estaría directamente relacionado o sería, cuneiforme, traído desde Mesopotamia por el mismísimo Abraham[iii]. Pero como las revelaciones dadas por Yahwêh a Moshê resultarían demasiado extensas para registrarlas en signos y tablillas cuneiformes, habría surgido si no la necesidad al menos la facilidad, de un nuevo sistema de escritura basado en signos más simples y fáciles de registrar sobre materiales tales como el papiro o la piel de animales tratada para el efecto.
Los restos de escritura que se conocen como protosináiticos serían los primeros intentos probados por los israelitas bajo Moisés de desarrollar un sistema de escritura especialmente ideado para registrar las palabras de Yahwêh.
En el análisis final, este sistema de escritura alfabética desarrollado en la península de Sinaí, derivó en la escritura llamada a veces paleohebrea o mosaica y, finalmente, mediante traspasos y préstamos culturales, se fue extendiendo ampliamente a través de todo el Levante antiguo y, finalmente, fue adoptado por los griegos, a través de los llamados fenicios. Según la leyenda, un cierto Cadmo (en hebreo, Oriental) lo llevó a Beocia, en la Grecia Central, donde fue primeramente usado, y luego de ahí se extendió a los demás griegos.


Una mina de inscripciones

En 1906 el arqueólogo británico, Flinders Petrie, exploró en la península del Sinaí las antiguas minas de turquesa explotadas desde tiempo inmemorial. El más importante de esos lugares era Serabit el-Khadim, donde halló los restos de un templo dedicado a Hathor, la principal diosa de la zona del Sinaí.
Aquí fue donde Petrie hizo sus más sustanciales descubrimientos, incluyendo un gran número de inscripciones, muchas dedicadas a Hathor. La gran mayoría estaban escritas en egipcio, pero algunos de los monumentos contenían textos en una escritura que era una mezcla de jeroglífico egipcio... aunque ni una palabra de egipcio normativo podía leerse.


La inscripción anterior está hecha sobre roca. Contiene tres columnas de escritura que se leen de derecha a izquierda. Esta es una de las inscripciones proto-sinaíticas más extensas, pero también una de las más frustrantes, pues aunque la piedra no está rota, su superficie ha sido dañada por agentes naturales y humanos.
La imagen inferior muestra un fragmento de una placa de piedra de 20 X 25 cm. El texto está compuesto de cuatro columnas de letras fuertemente inscritas. La lectura es la siguiente:
Columna 1: 'rht
Columna 2: mp'dt(?)
Columna 3: tltrbtm
Columna 4: md'tpn



La imagen siguiente muestra dos inscripciones de Serabit el-Khadim. La inscripción de la derecha dice:


'nt d t' Oh tú, adorador rb nqbmn t' (o) jefe de mineros, una ofrenda 'rkm lb'lt prepara para Ba'alat 'l 'hn d t' a favor de 'Ahena - Oh adorador - una ofrenda ' t't lbn (h') de una oveja. A favor de su hijo (ly)t' t(n d t) Eliseo(?) da, oh adorador ' t't l(b'lt) una oveja para Ba'alat.



La inscripción vertical dice lo siguiente: 'nt tpn dkm l'bb mn; que traducido es: 'Oh tú, Shafan, recoge de 'Ababa ocho minas de turquesa.'
La horizontal dice: sm' mr' rb 'prm; que significa: 'Shimea, palafrenero del jefe de los caravaneros(?).'


La esfinge y su mensaje


Uno de los objetos más interesantes hallados en Serabit el-Khadim era una esfinge que portaba textos escritos en jeroglífico egipcio y en escritura sinaítica.


Esfinge de Serabit el-Khadim (lado izquierdo)




Esfinge de Serabit el-Khadim (lado derecho)


Inscripciones en la esfinge de Serabit el-Khadim


En la inscripción precedente, el egipcio está inscrito entre las patas y el hombro derecho, donde se lee: "amado de Hathor, señora de turquesa"; el sinaítico está escrito a ambos lados de sobre el pedestal. En la figura lateral podemos ver los distintos textos inscritos en la esfinge. En el texto egipcio, primera línea, se lee: Hter mrjj (nb.t)(m) fkz.t, es decir "Amado de Hathor, señora de turquesa". En la línea central (lado derecho) se lee, de derecha a izquierda: M'HBL(T), es decir "Amado de la Señora (Baalat)."


Esfinge del templo de Hathor


A la entrada del templo de Hathor se encontró una estatuilla (figura lateral) de 30 cm. de alto y de base 22x17. En ella se encuentra grabada una de las inscripciones proto-sinaíticas más comunes: "(l) blt", que siginifica "(para) la diosa Baalat".
El alfabeto sinaítico parece consistir de al menos 23 signos distintivos, de los cuales la mitad claramente son egipcios. Como en los jeroglíficos, los signos están arreglados bien en columnas o en líneas horizontales, pero se leen de izquierda a derecha.
El primero en descifrar el sistema fue A.H. Gardiner, un erudito inglés, que se dio cuenta que ciertos signos representaban objetos o cosas cuyo nombre semítico correspondía a los nombres de las letras en el posterior alfabeto llamado comúnmente fenicio o cananeo.

Entresijos gramaticales

Por lo tanto, Gardiner sacó la conclusión de que las formas lineales del último eran derivaciones de los pictogramas sinaíticos y mostró que la transición de uno al otro era, en muchos casos, identificable sin ninguna dificultad. Más aún, al asignar a los pictogramas sinaíticos los valores fonéticos del alfabeto fenicio, pudo leer la muy repetida frase "Baalat". Esto tenía sentido, ya que Baalat es el nombre de una diosa semítica similar a Hathor, cuyo nombre aparece, en jeroglífico egipcio, en la esfinge aludida anteriormente.


En otras palabras, este sistema de escritura usa la palabra semítica (no la egipcia) para el objeto del pictograma original y usa la primera letra de esa palabra como el valor del signo. Por ejemplo, el dibujo de una casa simboliza la casa; ahora bien, "casa" en la lengua semítica occidental era bet, de ahí que el pictograma "casa" era usado para representar la consonante b. Este principio, llamado acrofónico, no puede explicar todo los signos, pero los siguientes están claros: ' de 'alpu, "buey", b de baytu/betu, "casa"; w de wawwu, "gancho/estaca"; y de yadu, "mano/brazo"; k de kappu, "palma de la mano"; l de lamdu "pincho"; m de mayyuma (?), "agua"; n de nahasu, "serpiente"; `de aynu/enu, "ojo" y r de ra'su, "cabeza".
Este sistema de escritura no es, estrictamente hablando, un alfabeto en el sentido real de la palabra, sino un silabario, en el que cada signo representa una consonante + cualquier vocal.



Las características del sistema proto-sinaítico podríamos resumirlas en estos puntos:
(1) Fue inventado hacia el 1700 a. de J.C. por semitas que tenían conocimiento de la escritura egipcia.
(2) El número de letras fue inicialemnte 27. Luego (siglo XIII a. C.) fueron reducidas a 22.
(3) Los signos eran pictográficos y muchos tenían valor acrofónico. Estos evlucionaron hacia letras lineales.
(4) El concepto pictográfico permitió escribir en cualquier dirección: de derecha a izquierda, de izquierda a derecha, en columnas verticales y hasta bustrófedon en horizontal y vertical. La escritura vertical desapareció hacia el 1.100 a. C. .

Se puede considerar al proto-sinaítico como el antecesor remoto de innumerables sistemas de escritura tan dispares como el romano o el brahmi.
La figura inferior muestra su nexo con dos grandes sistemas de escritura: el fenicio arcaico y el griego.


El cuadro siguiente muestra la evolución, a partir del jeroglífico egipcio, de los signos proto-sinaíticos hacia los sistemas sudarábigos, fenicios y hebreo.


La figura siguiente, por su parte, muestra un diagrama en el que se comparan diversos sistemas de escritura semíticos a partir del proto-sinaítico.



NOTAS:

[i] Fenicio equivale a cananeo de la costa. En efecto, los fenicios son mencionados entre las tribus originales de los cananeos, los que se extendieron, aproximadamente, entre el Éufrates y el actual wady el-Arish, en la parte septentrional de Sinaí.
[ii] Los cananeos eran camitas, lo que no debe perderse de vista, a pesar de que los eruditos los consideren como semitas. El que se les considere como semitas tiene mucho que ver con el sistema de escritura empleado por ellos que actualmente se conoce y al hecho de que al menos en su correspondencia conservada utilizaran un habla semítica. Si la escritura alfabética se originó, como parece, en la península del Sinaí en tiempos de la salida de los hebreos de Egipto, y si a ello añadimos que hubo importantes imperios semitas (elamitas, akadios, entre otros) que extendieron su soberanía sobre el Levante y que ejercieron gran influencia sobre las poblaciones locales, al grado que utilizaron el sistema cuneiforme de escritura akkadia, y que la zona fue objeto de amplias invasiones de poblaciones semíticas, como los amurru (a quienes se confunde con los cananeos amorreos), e incluso a poblaciones de origen arábigo, entonces es fácil entender que, con el tiempo, el habla original cananea y sus sistemas de escritura, hayan cedido paso a sistemas semíticos, mucho más ampliamente extendidos y usados y posiblemente de mayor facilidad para los registros.
[iii] Abram, después renombrado Abraham por Dios mismo, no era analfabeto. Provenía de una tierra de alta cultura, como lo era la poderosa ciudad de Ur, que fue en más de una oportunidad capital de extensos imperios sumerios. Y, llegado con la tribu de su padre a la zona de Harán, en la tierra de Subartu, nuevamente vivió en una tierra influenciada poderosamente por la cultura de Ur. Varios episodios en la vida de Abraham demuestran que él sabía leer y escribir: por ejemplo, el contrato que firma con los hititas por la compra de la cueva de Makpelâh luego de la muerte de Sara, su mujer. Los hebreos, por lo tanto, sabían leer y escribir. Y las numerosas referencias que se hallan en el actual libro de Génesis demuestran que se llevaban prolijos y escrupulosamente bien mantenidos registros comerciales, genealógicos y casi de toda materia relevante, como contratos de diversa naturaleza y cuentas de los criadores de ganado.


Thursday, February 23, 2006

MILENIO Y MILENARISMO


Generalmente, se considera que la doctrina del Reinado Milenario de Cristo sobre la Tierra es una doctrina herética.
Sin embargo, basada en 2 Pedro y en Apocalipsis, la doctrina gozó en la Antigüedad no solo de gran aceptación sino que, de acuerdo a esclarecidos y muy altamente considerados Padres de la Iglesia, ésta fue la doctrina a mayor grado ortodoxa.
Entre los milenaristas tenemos que consignar al apóstol Juan, a Policarpo de Esmirna, a Papías de Hierápolis, a Lactancio, a Ireneo de Lugdunum y a una innumerable hueste de fieles cristianos de los primeros tiempos.
Finalmente, la Iglesia católica, a pesar de haber rechazado la doctrina apelando a la pluma de insignes "espiritualizantes gnostizados", tales como Orígenes, Eusebio de Cesarea y Agustín de Hipona, entre otros muchos, jamás se ha atrevido a declararla herética, porque así creían y enseñaban los Padres de la Iglesia, incluso los más venerados y tenidos por autoridad, mártires de la fe como Justino Mártir, por ejemplo, y esaclarecidos autores como el propio apóstol Juan, quien consigna la doctrina en su Revelación.
Se entiende que si la Iglesia católica se atreviera a condenar al milenarismo incurriría en un total rompimiento con los Padres de la Iglesia primitiva, y con la mismísima Iglesia apostólica, porque así creían ellos, y eso era lo que predicaban, el reinado milenario literal de Cristo sobre la tierra, y por eso afrontaron las hostilidades incluso del Estado romano y no temieron sufrir la muerte como "testigos", que es lo que la palabra "mártir" significa.
Solamente cuando la Iglesia aspiró a ser parte de este mundo y a asumir realengo, riquezas, títulos, honores y dominación, y solamente entonces, negó sus aspiraciones celestiales, negó la literalidad y tangibilidad del reinado milenario de Cristo sobre la tierra y la restauración de todas las cosas en la re-creación de que hablan los escritores bíblicos inspirados.
Uno de los principales documentos milenaristas de la Iglesia primitiva, actualmente conocida como Epístola de Bernabé, habla precisamente de esta esperanza espiritual, tomando su argumentación de la misma fuente que el Apocalipsis, cuyo escritor fue el apóstol Juan.
Los gnostizantes que se infiltraron en la Iglesia primitiva comenzaron por negar la autenticidad del Apocalipsis y de la Segunda Carta de Pedro, así como de la Carta de Pablo a los Hebreos, como una manera de atacar lo más directamente posible y derrotar a quienes creían en la realidad del reinado milenario de Cristo sobre la tierra.
Sin embargo, entre los católicos ha habido esclarecidos milenaristas, como el sacerdote jesuita chileno Manuel Lacunza, quien escribió una monumental y muy bien documentada obra, titulada "La Venida del Mesías en Gloria y Majestad", bajo el seudónimo de Juan Josafat y dirigida al sacerdote Cristófilo.

GENESIS 1:1

Génesis 1:1 comienza con la historia del universo en las magistrales y a la vez sencillas palabras: "En el principio creó Dios los cielos y la tierra."
Las majestuosas y sublimes palabras de apertura del libro de Génesis (hebreo, Berešîth), están elaboradas de tal manera que informan de lo necesario, de lo que es necesario saber.
La Biblia no es meramente un libro de historia, ni tampoco un tratado de ciencias. Pero cada vez que es necesario hacer referencia a esos temas, lo hace con maestría, con conocimiento profundo, y es histórica y es científica en esas ocasiones.
Pero, uno genealmente falla cuando intenta leer Génesis, por ejemplo, en este caso, como un mero tratado de historia del universo, porque no es ese el propósito de la Escritura sagrada. Sin embargo, el escritor inspirado sí se refiere a aspectos de los orígenes del universo que nos atañen directamente, que nos ligan indisolublemente con nuestro Creador como Padre que es de todas las criaturas existentes.
Los científicos, en la actualidad, atribuyen al universo una edad que oscila entre varios miles de millones de años desde el supuesto "big bang", la teoría actualmente más ampliamente aceptada en el mundo de las ciencias.
En tanto, en la Biblia, el Creador nos informa a través del Génesis que en el principio Él creó los cielos y la tierra. El hecho de que Dios no haya establecido una fecha específica para este evento cardinal, puede deberse a que no es importante saber la fecha como el hecho mismo que se produjo. Por otra parte, es posible que el escritor inspirado no tuviese a mano los elementos necesarios para poder interpretar adecuadamente el tiempo involucrado en la creación del universo desde el punto de vista humano y que por esa razón el dato fuera omitido o no se hubiera siquiera mencionado.
En todo caso, para los detractores de la Biblia, da lo mismo que se proporcione o no una fecha específica, ya que simplemente no la aceptarían si se proporcionara, o bien la negarían, tergiversarían o dirían que es una adición posterior. Por lo mismo, basta para quienes creen en la realidad de la creación que "en el principio creó Dios los cielos y la tierra", independientemente del tiempo involucrado.
Algunos, a quienes se conoce como "creacionistas", en sus varias corrientes ideológicas, consideran que el universo fue creado en seis días literales, y que Génesis 1:1 comienza al principio del primer día o poco antes de que Dios ordenara que fuera la luz.
De todos modos, considerando las opiniones, puntos de vista, enseñanzas y doctrinas de los llamados Padres de la Iglesia, así como de los apóstoles y de otros tempranos escritores y autores cristianos primitivos, puede decirse que durante el primer siglo tanto judíos como cristianos literalistas consideraban que toda la historia de la humanidad cabía dentro de seis mil años que todavía no se cumplían y que culminaban con los mil años del reinado de Cristo sobre la tierra, período que era el séptimo "día" o período de mil años de la historia humana, el llamado "día de descanso de Dios", cuando Dios no ha estado creando nada nuevo en el universo y ha dejado que la creación continúe su curso bajo las leyes que Él estableció al principio de los tiempos.
La Carta de Bernabé es un claro ejemplo de esto. La Carta de Bernabé fue compuesta en un ambiente judeocristiano que amalgamó las expectativas judías de más de un siglo antes y las expectativas cristianas corrientes en su tiempo. Si uno estudia la Carta de Bernabé, y otros documentos cristianos y judíos similares, no puede menos que llegar a la conclusión que la preparación de la Tierra para ser morada de seres vivientes, comenzó unos 46.000 años antes de Jesucristo, en números redondos. La creación del hombre Adán habría ocurrido unos 4.000 años de Cristo y quedaban por delante unos 2.000 años más de historia humana, a los que habrían de seguir los 1.000 años del reinado de Cristo sobre la tierra, para reconciliar a toda la creación con Dios. Concluidos esos 1.000 años comienza el Octavo Día, cuando Cristo se sujeta a su Dios y Padre, le entrega el Reino, y comienzan las edades futuras sin término ni fin, con todo el universo reconciliado con su Dios, Padre y Rey.
Pero Génesis 1:1, obviamente, tuvo lugar antes del año 46000 a. de J.C. y, siguiendo la misma línea de razonamiento de los escritores judíos y cristianos de los últimos siglos a. de J.C. y de los primeros siglos d. de J.C., uno podría adscribirle al punto inicial de la creación todos los miles de millones de años que crea necesarios, porque no hay en toda la Biblia ninguna declaración que limite el tiempo involucrado.
Sin embargo, apenas terminada esta frase de apertura de Génesis 1:1, ya se está en un tiempo que, de acuerdo a la Carta de Bernabé, ha de establecerse antes del año 46000 a. de J.C.
"La tierra estaba sin forma y vacía". La tierra, el planeta Tierra, era un mundo informe y vacío. No diferiría mucho de otros mundos que se pueden encontrar en las amplias e insonsables vastedades del universo.
Y entonces comenzó el milagro, luego de haber sido escogido por Dios para ser el hogar de su creación viviente e inteligente.
"El espíritu de Dios"

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